"De las primeras moreras plantadas en las colinas larianas en el siglo XV al distrito sedero contemporáneo. Seis siglos de seda elaborada en el Lago de Como."
Como es la capital italiana de la seda. No es un eslogan turístico: es la síntesis de una historia que atraviesa seis siglos, modela un paisaje –el de las colinas que descienden hacia el lago, antaño cubiertas de moreras– y redibuja la economía de todo un territorio. Comprender cómo la seda se convirtió en la identidad de Como significa remontarse al siglo XV, recorrer la época de las grandes manufacturas, la revolución industrial y llegar al distrito contemporáneo que aún hoy abastece a las maisons del lujo mundial.
Los primeros testimonios. Ya en plena Edad Media, en Lombardía, se cultivaba la morera y se criaba el gusano de seda. Pero es en el siglo XV cuando la sericicultura comense empieza a estructurarse: el clima templado del Lago de Como, la abundancia de agua, la presencia de una densa red de pequeñas parcelas agrícolas convierten el territorio en ideal. Los monjes y los nobles larianos ven en la seda un cultivo noble, capaz de dar rendimiento incluso a terrenos pobres. Nacen las primeras hilanderías artesanales: pequeños talleres de gestión familiar en los que el capullo era tratado, devanado y reducido a hilo crudo.
Los siglos XVI y XVII son los siglos de la consolidación. Como entra en el circuito europeo de la seda gracias a la cercanía con Milán y con los pasos alpinos: los tejidos crudos producidos en las colinas alcanzan los mercados de Lyon, Amberes, Núremberg. La ciudad desarrolla una especialización precisa –el hilo fino, la trama ligera– que la distingue de Florencia y Venecia, más orientadas a los tejidos pesados y a los brocados.
El siglo XVIII es el siglo del apogeo manufacturero. Las hilanderías se multiplican en las orillas del lago y en los centros de la Brianza sedera –Cermenate, Mariano, Fino Mornasco. Se pasa del trabajo a domicilio a las primeras "fábricas": oficios hidráulicos que aprovechan los cursos de agua para mover las hiladoras. La calidad del hilo comense se vuelve tan demandada que los grandes mercaderes milaneses y lioneses envían agentes permanentes a la ciudad para asegurarse los suministros.
La revolución industrial llega a comienzos del siglo XIX. Andrea Vassalli, Pietro Pinchetti, las primeras grandes familias textiles introducen el telar mecánico, el aparato jacquard, la estampación a cuadro. Como deja de ser solo productora de hilo crudo: empieza a teñir, estampar, acabar. Nace el "tejido estampado de Como", un producto de altísima calidad que se convierte en el estándar mundial para corbatas, foulards y forros de lujo.
Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX se consolida la que hoy llamamos dinastía sedera comense: Mantero (1902), después Ratti (1945), Clerici Tessuto, Cantoni, Canepa, Taroni. Cada una con una especialidad –Mantero para la estampación, Ratti para el tejido jacquard, Taroni para el damasco– pero todas concentradas en un radio de pocos kilómetros. Es el modelo de distrito italiano llevado a su máxima expresión: pequeñas y medianas empresas altamente especializadas que intercambian semielaborados, comparten mano de obra, construyen juntas una reputación.




